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Aprendiendo a frustrarnos

Aprender a frustrarse es uno de los aprendizajes más importantes que vamos a hacer en la infancia (o que deberíamos haber hecho), y uno de los que más va a contribuir a nuestra felicidad, no por la extraña alegría que da ser alguien que no consigue lo que quiere, sino como “vacuna” ante las dificultades.
Para un niño (o niña) es importante que sepa que no se puede conseguir todo, ni cuando él o ella quiere. Que las cosas requieren un esfuerzo, y algunas cosas no se pueden conseguir. Si desde pequeños se acostumbran a obtener lo que desean, cada vez querrán más y más, y se enfadarán mucho si no lo consiguen. No sólo eso, sino que no entenderán por qué no lo consiguen.

No hay que engañarse, no es que para ser buen padre o madre haya que convertirse en un sádico que disfrute haciendo sufrir a los niños. El truco consiste en establecer unas cuantas normas razonables y claras, cumplirlas (nada de doble rasero) y hacerlas cumplir. Y por supuesto, querer mucho a los niños. El cumplimiento de las normas y el amor no son incompatibles. Es más: cuantas menos incoherencias haya en el hogar, más seguridad habrá en la relación entre padres e hijos, porque no habrá “zonas grises”.

Por último, y este es un consejo para los adultos, es importante aprender a tolerar la frustración, ya que la autoestima está directamente relacionada con esto. Cada golpe que recibimos, repercute en nuestra autoestima. La fórmula de la felicidad no consiste en tener todo lo que queramos, sino en que no nos importe no conseguir lo que no necesitamos. Si esta última frase es demasiado complicada… releedla y tomaos el tiempo que necesitéis para entenderla. No os frustréis.

Respira… El mundo puede esperar

Hay quien puede replicarme diciéndome : “Si, claro, eso decirlo es muy fácil, pero… ¿quién hace todo el trabajo que aún me queda pendiente antes de que se termine mi jornada laboral? ¿Quién baña a los niños y luego se pone a hacer la cena?? Indudablemente el tiempo transcurre y nuestras tareas diarias debemos cumplirlas. Aún así, posponer 2 minutos nuestros quehaceres ¿crees que supone un desajuste total de tiempo?.

A veces nos sentimos agobiados por llegar a tiempo a todo nuestras obligaciones diarias, nos sentimos tensos, notamos molestias o cierta tensión en algunos músculos de nuestro cuerpo, estamos incluso de mal humor, de algún modo, nos sentimos “a punto de explotar”…..Es en ese momento en donde lo mejor que puedes hacer es parar aquello que estás haciendo por unos segundos y dedicarte esos segundos a relajarte. Cuando te hayas relajado, podrás seguir con tu marcha diaria y estarás con más fuerzas para afrontarla.
Y el primer paso para relajarse es respirar adecuadamente. Los ritmos de vida y especialmente las situaciones de estrés colaboran a facilitar patrones de respiración acelerados y superficiales; sólo se utiliza una parte de la capacidad funcional de los pulmones, con frecuencia la parte superior, facilitando una respiración torácica en la que la intervención del diafragma es poco relevante. Este tipo de respiración no permite una oxigenación adecuada del organismo y un mayor trabajo cardíaco, por lo que facilitará la aparición de ansiedad, depresión, etc.
Por el contrario, una respiración en la que los pulmones se expanden al máximo y por lo tanto, se utilizan a su máxima capacidad, facilita una mayor oxigenación del organismo, y un mejor funcionamiento general, dificultando, entre otros, la aparición de fatiga muscular y las sensaciones de ansiedad.
Así pues, aprender a respirar de forma abdominal, que es una respiración más completa y relajante, puede protegernos de futuras enfermedades y en momentos en los que nos sintamos “a punto de explotar” de control de la situación y de relax.

Es muy sencillo lo que hay que hacer, y te resultará muy beneficioso:

  1. Cierra los ojos y sitúa tu mano debajo del pecho.
  2. Inspira muy lentamente aire por la nariz, siente cómo tus pulmones se llenan de oxígeno, y este oxígeno baja hasta tu abdomen, notando cómo éste aumenta de volumen. (notarás cómo la mano se mueve)
  3. Retén este oxígeno 2 segundos y a continuación empieza a expulsarlo muy lentamente por la boca, notando como poco a poco tu abdomen “se deshincha” y vuelve a su estado inicial.

Repite el paso 2 y 3 las veces que consideres, hasta que empieces a sentirte más relajado/a.
Más adelante, trabajaremos otros ejercicios de entrenamiento en relajación que pueden servirte de ayuda.

¿Qué es "lo normal"?

“Cómo obtener lo que deseas”. Si haces una búsqueda en Google con esta frase encontrarás cerca de dos millones de resultados… y serán cerca de dos millones de mentiras, porque nunca obtendremos todo lo que deseamos.

Los medios de comunicación, las campañas de publicidad, los líderes de opinión y moda muchas veces nos hacen creer lo contrario y nos dicen que sin tal o cuál cosa no seremos felices, que podemos tenerlo todo sin renunciar a nada… podemos tener el coche más grande, la casa más lujosa, el chico o chica más guapa del barrio, la televisión con más pulgadas, la cintura más estrecha… Nos han vendido un concepto de normalidad extraordinario. ¿Cómo? ¿Me repite? Por supuesto, me voy a explicar:

Antes, lo normal era trabajar duro para sacar adelante a los hijos, pagar la letra de nuestro modesto pisito y del utilitario que usábamos para ir al hipermercado a hacer la compra semanal y cargar el maletero. Éramos felices y enamorados de nuestra pareja, que se levantaba día a día junto a nosotros con las legañas en los ojos y las sábanas marcadas en la cara. Los reyes magos le traían a nuestros hijos una bicicleta y una película de dibujos.

Ahora lo normal (según nos dice la publicidad que inunda las revistas, la televisión, etc.) es ser alto/a, guapo/a, tener un tipazo, unos pechos enormes o musculados, el vientre plano, tener toda clase de lujos, ir todas las semanas de restaurante, vestir a la última moda, tener un puesto de trabajo y un sueldo envidiable, etc. Ahora lo normal es ser absolutamente extraordinario y estar rodeado de cosas y personas extraordinarias. Tienes que poner todo tu empeño en conseguirlo (aunque tengas que pedir diez créditos a Credital), y si después de todo eso no lo consigues, eres un fracasado. O lo que es peor… si la gente que esta a tu alrededor no lo consigue… ellos son los fracasados, y eso puede hacer muy infeliz a esa gente que, en realidad, te estima muchísimo tal y como eres.

Nos han hecho creer que lo que está al alcance de pocos afortunados, o es artificial, o no es necesario, o ni siquiera existe… es absolutamente normal. Y tenemos que despertar, valorar lo que tenemos y que hemos conseguido con nuestro esfuerzo. El tener ideales es bueno, pero ha de servir para animarnos a seguir trabajando, y nunca para ser desdichados.

Tenemos que empezar a tolerar la frustración que produce no obtener inmediatamente lo que queremos. Tenemos que aprender a esperar. Incluso tenemos que aprender a renunciar… pero de ese tema ya hablaremos más adelante.

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